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Iglesia de San Juan de Baños

El arte paleocristiano y visigótico a través del Camino de Santiago

La llegada del cristianismo y su arte a Hispania fue temprana. Según la historiografía eclesiástica esta religión llegó a la Península a través de la predicación, como la de Santiago el Mayor. Sin embargo, algunos estudios demuestran que el cristianismo penetró en el extremo occidental del Imperio Romano a través de África.

Las primeras colonias cristianas datan del s. II. Inicialmente los fieles fueron perseguidos por Roma y convertidos en mártires de la religión. No fue hasta el año 313 cuando se reconoció a la Iglesia a través del primer concilio de los obispos hispanorromanos que se celebró en la ciudad de Iliberris, cerca de Granada.

El asentamiento del cristianismo en la Hispania romana fue paulatino y promovió la construcción de templos enfocados al nuevo culto. En el año 392 se suprimieron todos los espacios dedicados a dioses paganos, por lo que muchos de los edificios se destinaron a la nueva religión.

La primera arquitectura cristiana

Los restos de estos primeros templos son escasos y su ubicación en el tiempo no es clara. Sin embargo, se tiene constancia de que las primeras obras que se han conservado datan del s. V y, sobre todo, del VI, cuando Hispania ya se encontraba bajo dominio Visigodo.

Pese a la final imposición del cristianismo como religión mayoritaria, se han encontrado algunos restos de necrópolis y sarcófagos paleocristianos. Estas piezas demuestran que algunas tradiciones hispanorromanas continuaron celebrándose y se adaptaron a la nueva religión.

El arte visigótico

Los visigodos llegaron a la Península en el s. V y en el año 507 ocuparon el vacío de poder que había dejado la caída del Imperio Romano de occidente. Toledo se convirtió en la capital del nuevo reino y los visigodos empezaron a convivir con la población hispanorromana.

La población visigoda era de religión arriana, pero eran tolerantes con el cristianismo que predominaba en la Península. Los visigodos no disponían de una tradición arquitectónica propia, por lo que durante los primeros años de su reinado se siguieron construyendo iglesias y algunos monasterios. A lo largo del trazado del Camino de Santiago, el peregrino no encuentra ningún templo que date de esta época.

En el año 589 se celebró el III Concilio de Toledo y se estableció la unidad política y religiosa del reino. Hasta el momento, el arte visigodo se había centrado en la orfebrería de uso y adorno personal. Sin embargo, con esta unión, se empezó a desarrollar un arte cuya aportación más notable fue el arco de herradura.

Iglesia de Santa María en Quintanilla de las Viñas. Foto: Santiago López-Pastor

Iglesia de Santa María en Quintanilla de las Viñas. Foto: S. López-Pastor

Uno de los grandes ejemplos que el peregrino puede visitar desviándose ligeramente de la Ruta Jacobea es la iglesia de Santa María en Quintanilla de las Viñas, en Burgos. Tan solo se conservan los restos de la cabecera y de la nave transversal del crucero. Sin embargo, estos restos han permitido apreciar que la decoración del interior era abundante. Actualmente pueden apreciarse los capiteles y el arco de herradura del ábside.

Más adelante, en la provincia de Palencia, el peregrino encuentra la Iglesia de San Juan de Baños en la localidad de Baños de Cerrato. Esta es considerada uno de los mejores ejemplos de arquitectura visigótica.

Iglesia de San Juan de Baños en Baños de Cerrato. Foto: M.A. García.

Iglesia de San Juan de Baños en Baños de Cerrato. Foto: M.A. García.

Además, en la ciudad de Palencia se encuentra la cripta de San Antolín, localizada bajo el coro de la Catedral. Se cree que data del año 672 y que pudo albergar las reliquias del mártir Antolín de Narbona. La cripta tiene una planta rectangular, con arcos de herradura cegados en los muros.

La orfebrería

Otro de los elementos que caracteriza el arte visigótico es el trabajo del metal y la orfebrería. Hasta nuestros tiempos han llegado sobre todo algunas piezas de mobiliario litúrgico, como cruces, crismones e incensarios.

También tenían gran presencia las piezas de adorno personal como broches, hebillas y placas que combinaban el metal con cristales y piedras preciosas. Una tradición artística de lujo que se fue perdiendo con el tiempo debido a la adopción de las costumbres hispanorromanas por parte de los pueblos nórdicos.

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