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Pórtico Real de La Quintana estilo Barroco

El Barroco a través del Camino de Santiago

El término Barroco se utiliza para hacer referencia al movimiento artístico y cultural que nace en Europa en el siglo XVII y se desarrolla hasta la mitad del XVIII. En este momento, España se encontraba en plena decadencia económica y surge entre la población un sentimiento de pesimismo y desengaño.

El arte Barroco tendrá un carácter fundamentalmente religioso y didáctico. Se utilizará para explicar al pueblo los principios de la Contrarreforma y luchar contra el avance del protestantismo. A través del arte se busca transmitir las verdades de la fe católica.

Además, el Barroco se pondrá al servicio de la Monarquía, que busca exaltar su poder.  En España reinaba la casa de los Austrias y ya en el XVIII se consolida la dinastía de los Borbones. El exceso de decoración, las formas retorcidas y un aire teatral caracterizarán las obras del momento.

El barroco compostelano

En un principio, la arquitectura del siglo XVII continúa con la sobriedad del estilo renacentista herreriano. Sin embargo, a mitad de siglo empiezan a recargarse las obras, se aumentan las dimensiones y se fomenta la sensación de movimiento.

En el año 1657, Santiago de Compostela empieza a vivir su mayor transformación estética. El Barroco se adentra a través de la reforma de la Catedral de Santiago y pronto cala en iglesias, conventos y edificios civiles.

La catedral de Santiago

La reforma estética de la Catedral se inició de manera paulatina. El arquitecto Domingo de Andrade fue la gran figura del barroco gallego. Empezó trabajando como entallador de madera, algo que marcará su estilo de trabajar la piedra.

Tras la marcha de Vega y Verdugo se convierte en el maestro de obras de la Catedral de Santiago. Dentro de sus aportaciones destaca la Torre del Reloj, así como el Pórtico Real de La Quintana.

El mal estado del Pórtico de la Gloria fomentó la construcción de la fachada del Obradoiro. Para protegerlo de las inclemencias meteorológicas se optó por construir una nueva fachada de grandes dimensiones. El arquitecto Fernando Casas Novoa fue el encargado de este trabajo.

Fachada del Obradoiro

Fachada del Obradoiro.

La fachada del Obradoiro es un claro ejemplo de la monumentalidad del Barroco. Está presidida por la figura del apóstol Santiago y debajo le acompañan Anastasio y Teodoro, sus dos discípulos. El exceso de elementos decorativos se contrarresta con grandes ventanales que iluminan y dan protagonismo en el interior al Pórtico de la Gloria.

Desde el Monte do Gozo, los peregrinos pueden vislumbrar sus dos torres y su imponente silueta. La fachada del Obradoiro se ha convertido en una seña de identidad de la ciudad y del Camino Jacobeo.

Santiago de Compostela

Paralelamente, edificios que se habían empezado a construir a lo largo del siglo anterior continúan su desarrollo adoptando algunas características barrocas. Es el caso del Monasterio de San Martiño Pinario y el Monasterio e Iglesia de San Paio de Antealtares.

Monasterio San Martiño Pinario

Monasterio de San Martiño Pinario.

La construcción que acaba con esta reforma estética es el Palacio de Raxoi, que cierra la plaza del Obradoiro. Ya en estilo Neoclásico, da por finalizado el periodo Barroco y la transformación estética de la ciudad.

El Barroco tuvo un fuerte impacto en la tradición jacobea. Sin embargo, a diferencia del Románico, el imaginario barroco no está tan ligado a fomentar el peregrinaje. Durante estos siglos, decrece el número de peregrinos que llega a la Península.

Escultura y pintura barroca

Tanto la escultura como pintura barroca fueron puramente de temática religiosa. La imaginería se convierte en la gran protagonista del momento y la iglesia en la principal mecenas del arte.

A nivel escultórico, destacan los pasos procesionarios de Semana Santa que se caracterizan por su realismo y expresividad. Con ello se trata de acercar la religión a los fieles haciéndoles sentir devoción. También durante el Barroco, se consolida la figura del apóstol Santiago como caballero.

El Barroco es conocido como el Siglo de Oro de la pintura española. La calidad de las obras del momento fomentó que sus autores se convirtieran en verdaderos referentes. De esta época destacan las obras de Murillo y Diego de Velázquez.

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