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Sergio y sus amigos en el Camino

El Camino de Sergio: Madrid, Sarria y Santiago

Han pasado ya unos añitos y todavía me sorprendo a mí mismo, Sergio, con una sonrisa tímida recordando este viaje. No tanto por lo trascendente del mismo, sino más bien por el bonito recuerdo que nos ha dejado.

Allá por el 2016, 10 estudiantes de ingeniería con muy buena amistad organizábamos un viaje de fin de curso con muchas ganas, pero sin demasiado presupuesto. Queríamos hacer algo diferente, que nos permitiera vivir una pequeña experiencia juntos y estuviésemos rodeados de naturaleza (la cerveza tampoco podía faltar). Así que el Camino se convirtió en la opción perfecta. Nos sorprendimos a nosotros mismos reservando únicamente unos billetes de autobús y dejando todo lo demás a la aventura.

Puedo comprender a la gente que lo describe como un viaje de descubrimiento personal. Con el Camino no sólo nos sumergirnos en nuestros propios pensamientos, sino que también nos sirve para destapar nuevos propósitos.

Sin embargo, este no fue nuestro caso. Nuestro grupo representaba totalmente la idea opuesta a un viaje auto inmersivo. Nos mezclamos con muchos otros grupos, nos bañamos en algún río y sellamos nuestra credencial en cuantos bares pudimos. Además, disfrutamos de la música gracias a un amigo experto en festivales, pero, sobre todo, nos reímos hasta hartarnos.

Alojamientos y complicaciones

No tuvimos problemas para encontrar albergues ni siquiera siendo un grupo numeroso. En cada parada siempre nos ofrecían panfletos de recomendación para no quedarnos a la intemperie. Simplemente era necesario llamar a lo largo de la mañana para comunicar nuestra hora de llegada.

Hay que decir que allí se llega pronto, se cena pronto y se acuesta más pronto aún para poder descansar (que realmente falta nos hacía). Es la única forma de continuar con el viaje a la madrugada del día siguiente.

No todo era perfecto, el cansancio se acumulaba en la mochila tras cada madrugón. Sobre todo, sufrían nuestros pies. Es necesario contar con un buen calzado y prevenir las temidas ampollas antes de que sea demasiado tarde. Seguro que alguno todavía se arrepiente del partido de fútbol que organizamos en el albergue del segundo día. Si bien no estuvo mal, luego alguno tuvo que pedir un taxi para esperarnos al final de la última etapa.

Santiago de Compostela

Pese a ello, toda idea de renuncia fue descartada a expensas de la satisfacción de llegar por fin a nuestro destino. Más de 100km nos separaban de Santiago el primer día y resultó increíble haber alcanzado la meta juntos. ¡Lo habíamos logrado!

Nos habíamos ganado una buena cena y bien es sabido que estábamos en el lugar indicado para disfrutarla. Santiago nos sorprendió mucho, aunque no sólo fue por lo que nos costó llegar allí. Sin duda, es un destino que repetiría aunque sólo sea para poder disfrutar de la catedral, que en aquel momento nos pilló en obras.

Este viaje me trae muchos buenos recuerdos, el norte realmente tiene algo especial. Para todo aquel que se esté planteando hacer el Camino, le recomiendo encarecidamente dejarse seducir por su gente, su gastronomía y sus paisajes en buena compañía. Es más, creo que va siendo hora de que yo también haga un par de llamadas y pruebe a repetir la experiencia.

¡Buen Camino!

Sergio

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