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Sombra del peregrino

La Sombra del Peregrino: misterios de Santiago de Compostela

Cada noche, en la Plaza de la Quintana, aparece una sombra que se ha convertido en una de las imágenes más icónicas de Santiago de Compostela. Miles de turistas y peregrinos acuden cuando ha caído el sol y la plaza enciende su alumbrado para hacerse una foto con ella.

En la base de la Torre del Reloj, junto a la Puerta Santa, la sombra de un peregrino con sombrero y bordón aguarda paciente, ¿pero a qué o a quién espera? A lo largo de la historia, se han generado cientos de leyendas en torno a él.

Hay quien cree que la sombra acompaña a cada peregrino durante todo el Camino de Santiago, pero que uno solo es capaz de verla cuando llega a la Catedral. Una metáfora del que inicia perdido la Ruta Jacobea, buscando respuestas, y llega a Santiago en paz y satisfecho con su camino.

El sacerdote enamorado

La historia más extendida es que la sombra corresponde con la de un sacerdote de la Catedral que se enamoró de una monja de clausura del convento de San Paio de Antealtares. Todas las noches se reunían por un pasadizo secreto que hay bajo la escalinata de Quintana y que une la Catedral con el convento.

Después de un tiempo, cansado de tanto secretismo, el sacerdote le propuso escapar juntos y vivir su amor. Se citaron al anochecer en la plaza, y para no ser reconocido, el religioso se disfrazó de peregrino.

La esperó pacientemente, pero su amada no acudió. Sin embargo, su amor por ella era tan grande que noche tras noche la esperaba a los pies de la Torre del Reloj. Pese al tiempo que ha pasado, el sacerdote aún sigue acudiendo a su cita.

El peregrino francés

Otra de las leyendas más sonadas es la de que la sombra se corresponde con el alma de un peregrino francés que se quedó para siempre en la Catedral de Santiago. El romero en cuestión sería Léonard du Revenant que llegó a Compostela desde París en el siglo XV.

Acusado de envenenar a su padre para heredar su fortuna se le condenó y tras unos años encerrado le obligaron a peregrinar a Compostela para redimirse de sus pecados. Tras cruzar los Pirineos, se encaprichó de una joven posadera y mató a su novio antes de forzarla y matarla también a ella.

El hombre escapó de la justicia disfrazado como un peregrino pobre. Así llegó hasta la ciudad del Apóstol donde durmió a los pies de la Catedral. En sueños se le apareció su padre y le perdonó por su asesinato, pero no del de los dos jóvenes.

Léonard du Revenant entró en cólera y desenvainó su espada, pero el espíritu acabó primero con él. Desde entonces aguarda paciente a que la joven posadera y su novio le rediman de su asesinato.

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