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Estatua de las Dos Marías

Las dos Marías de Santiago

En el parque de la Alameda de Santiago de Compostela se encuentra la estatua de las Dos Marías. Un homenaje a las hermanas Maruxa (1898-1980) y Coralia Fandiño Ricart (1914-1983) que se hicieron famosas por pasear siempre a la misma hora. Labrada en bronce por el escultor vasco César Lombera es, desde 1994, una de las estatuas más fotografiadas de la ciudad.

La historia de las Dos Marías

Desde los años cincuenta y hasta principios de los setenta del pasado siglo, estas dos hermanas realizaban un paseo diario por el casco antiguo de Santiago y llegaban hasta el punto donde hoy se encuentra su estatua. Lo hacían cada día a las dos de la tarde, motivo por el que también son conocidas como “Las dos en punto”. Vestidas y maquilladas de forma llamativa para la época paseaban captando la atención de todo el mundo.

Hijas de padre zapatero y madre costurera, de quien heredaron la profesión. Eran la cuarta y duodécima hija de una familia de trece hermanos, la mayoría de ellos varones. Desde la juventud de sus hermanos, estos comenzaron a militar activamente en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), una entidad anarcosindicalista.

Durante la Guerra Civil y el franquismo, los hermanos que no fueron asesinados, se vieron obligados a esconderse o exiliarse. Ante el paradero desconocido y la imposibilidad de castigar a alguno de los hermanos de Maruxa y Coralia, la policía del régimen se dedicó a acosar a las mujeres de la familia Fandiño Ricart.

Los falangistas acudían en plena madrugada a la casa familiar, la registraban y desbarataban. En ocasiones desnudaban a las hermanas en medio de la vía pública para humillarlas y, aunque no se sabe con certeza, parece ser que las torturaban y violaban. Sus hermanos acabaron siendo detenidos en 1949.

Las hermanas fueron rechazadas por los vecinos. Nadie les daba trabajo y acabaron por vivir de la beneficencia. Pero, a pesar de ello, Maruxa y Coralia se mostraban despreocupadas y desafiantes. En muchas ocasiones las acusaron de “rojas”, “locas” y “putas”, pero nadie consiguió frenar su paseo. Vestidas con atuendos estrafalarios, fumaban y piropeaban a algunos universitarios. Las hermanas acabaron convirtiéndose en símbolo de libertad para aquellos que no fueron capaces de rebelarse por temor a las represalias.

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